El efecto Dunning-Kruger: o cómo es mejor estar callado y parecer tonto…

… Que abrir la boca y confirmarlo.

El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo maravilloso y chunguísimo a partes iguales: básicamente, cuanto menos sabe alguien sobre un tema, más seguro está de que lo domina. Y cuanto más sabe una persona… más consciente es de todo lo que le falta por aprender.

Si eres multipotencial, esto probablemente te suena muchísimo. Porque las personas multipotenciales solemos investigar, conectar puntos, cuestionarnos cosas y profundizar bastante antes de abrir la boca. 

Vemos matices. Excepciones. Capas. Variables. Lo cual está genial para desarrollar pensamiento crítico… pero por lo visto fatal para generar seguridad. Mientras tú estás pensando:

“Bueno, realmente este tema es complejo y habría que tener en cuenta varios factores…”, aparece José Luis dispuesto a explicarte tu propio trabajo con la confianza de un catedrático de Harvard.

Y lo peor es que muchas veces la gente confunde seguridad con inteligencia. Vamos a verlo.

¿Qué es exactamente el efecto Dunning-Kruger?

El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo estudiado por los psicólogos David Dunning y Justin Kruger en 1999. Explica que las personas con menos conocimientos sobre un tema tienden a sobreestimar muchísimo lo que saben. Mientras que las personas que realmente saben del tema suelen ser mucho más conscientes de sus limitaciones y dudas.

Es decir: cuanto menos sabes, más fácil es pensar que lo entiendes todo. Y cuanto más aprendes, más descubres que el tema es un pozo sin fondo lleno de matices, contradicciones y PDFs de 48 páginas.

Por eso la gente experta suele hablar con cautela: “depende” “habría que contextualizarlo” “no es tan sencillo”.

Mientras tanto, el señor que vio tres vídeos de YouTube ya está: “Esto es así y punto.”  “Yo tengo clarísimo cómo funciona.”, “Te lo explico rápido.”

El ejemplo más claro lo vivimos todos durante la pandemia. De repente había más expertos en virología en Facebook que virus en un laboratorio. Tu cuñado, que antes apenas distinguía un ibuprofeno de una vitamina C, ahora discutía estadísticas epidemiológicas como si hubiera trabajado en la OMS desde 2007.

O ese momento mágico en el que alguien escucha dos podcasts sobre Egipto Antiguo y automáticamente decide corregir a una arqueóloga que lleva quince años excavando tumbas bajo el sol a 40 grados.

Y aquí viene la parte importante: 

El efecto Dunning-Kruger no significa que las personas inteligentes sean inseguras “porque sí”. Significa que el conocimiento real suele venir acompañado de conciencia sobre la complejidad.

Cuanto más entiendes algo, más difícil es hablar con una seguridad absoluta. Porque sabes todo lo que todavía no sabes.

Solo sé que no se nada”…

Cuanto más sabes, más consciente eres de lo complejo que es todo

El problema de aprender mucho 

Aquí viene una de las grandes estafas de hacerse mayor: cuando empiezas a aprender de verdad sobre un tema, descubres que no tienes ni idea.

Porque una cosa es saber “cosas”. Y otra muy distinta es profundizar. Ahí es cuando aparecen los matices, las contradicciones, las excepciones, o las escuelas enfrentadas. 

El problema del conocimiento real es que rompe la ilusión de simplicidad. Porque cuanto más profundizas, más entiendes que casi todo en esta vida depende.

Mientras tanto, quien apenas ha rascado la superficie suele tener respuestas rapidísimas para todo. Es maravilloso.

La multipotencialidad y la maldición de la duda eterna

Y aquí nos vamos a parar a hablar sobre el caso concreto de la multipotencialidad.

Porque las personas multipotenciales solemos: cuestionarnos constantemente, investigar muchísimo antes de opinar, conectar disciplinas diferentes, y detectar matices.

El problema es que eso se puede confundir con falta de conocimientos o de autoridad.

Resultado: menos seguridad aparente, más pensamiento crítico y un síndrome del impostor más grande que un elefante.

Y, mientras tanto, José Luis ya está haciendo un hilo en X

La seguridad vende (aunque esté vacía) 

Hay una cosa que internet ha dejado clarísima: la seguridad se confunde muchísimo con la competencia. Si alguien habla muy convencido, utiliza palabras como mindset, pone frases en negrita y mira intensamente a cámara, automáticamente parece que sabe de lo que habla.

Aunque no tenga ni idea.

Y así hemos acabado viviendo rodeados de coaches random explicándote cómo “manifestar abundancia” desde un Airbnb alquilado por horas, criptobros que en 2021 compraron dos NFTs y ahora hablan como si fueran el Banco Central Europeo o  expertos en productividad que duermen cuatro horas, viven a base de ansiedad y llaman “optimizar” a no sentir emociones.

El problema es que nuestro cerebro muchas veces interpreta: “habla con seguridad” = “debe ser experto”.

Cuando en realidad esa la seguridad puede venir de ignorancia, ego, simplificación extrema, o una alarmante falta de conciencia sobre la complejidad del tema. Porque cuanto menos sabes, menos dudas tienes.

Por qué las personas multipotenciales a veces se callan

Mientras tanto, muchas personas multipotenciales vivimos en el extremo opuesto del espectro. Queremos leer más, investigar mejor, contrastar fuentes, entender los matices y asegurarnos de no meter la pata.

Resultado: acabamos pensando constantemente “todavía no sé suficiente.”

Y claro, esto hace que muchas veces no demos el paso aunque tengamos muchísimo que aportar. ¿Sabes dónde está el chiste? En que muchas veces las personas multipotenciales sí saben más. Muchísimo más. Pero como entienden la complejidad del tema, hablan con más cuidado.

En esta obsesión que tenemos con las respuestas rápidas la cautela parece inseguridad, cuando en realidad muchas veces es inteligencia.

El efecto Dunning-Kruger y el síndrome del impostor: la pareja tóxica definitiva 

Si el efecto Dunning-Kruger y el síndrome del impostor fueran personas, serían esa pareja tóxica que discute en mitad de Mercadona mientras tú intentas comprar hummus tranquilamente.

Porque ambos fenómenos se alimentan mutuamente de una forma bastante perversa:

👉 la gente que menos sabe habla con una seguridad espectacular.
👉 y la gente que más sabe duda constantemente de sí misma.

Maravilloso diseño del cerebro humano. Gracias por tanto.

En el caso de las personas multipotenciales, esto suele amplificarse muchísimo. ¿Por qué? Porque tendemos a minimizar lo que sabemos, compararnos con especialistas extremos y pensar que tocar muchos temas nos hace menos válidos.

El razonamiento suele ser algo así: “Sí, sé bastante de esto… pero no tanto como alguien que lleva 20 años dedicándose solo a ello.”

Y claro, técnicamente eso puede ser cierto. Pero también es una trampa mental gigantesca. Porque mientras tú te comparas con la persona MÁS experta del planeta en un tema concreto, José Luis se compara consigo mismo después de escuchar un podcast de camino al gimnasio.

Además, muchas personas multipotenciales tienen una capacidad muy potente que suele infravalorarse muchísimo: la visión transversal.

Es decir, la capacidad para:

  • Conectar disciplinas distintas,
  • Entender problemas desde varios ángulos,
  • Detectar patrones,
  • Combinar ideas aparentemente inconexas,
  • Y traducir conceptos complejos entre mundos diferentes.

Y eso, sorpresa: también es inteligencia.

De hecho, muchas innovaciones interesantes no vienen de alguien encerrado durante veinte años en una sola burbuja, sino de personas capaces de mezclar conocimientos distintos como si estuvieran haciendo un smoothie cognitivo bastante raro.

Pero claro, esa capacidad no siempre se percibe como expertise tradicional. ¿Y tú exactamente qué eres? Y la multipotencial responde: “Bueno… depende del día.”

El problema es que confundimos profundidad con valor absoluto, especialización con inteligencia y seguridad con competencia.

Entonces… ¿qué hacemos con todo esto?

Vale, ya hemos asumido que José Luis existe, que el efecto Dunning-Kruger campa a sus anchas por internet, y que las personas multipotenciales tenemos tendencia a pensar demasiado antes de hablar.

Fantástico. ¿Y ahora qué?

Habla aunque no tengas un doctorado en el tema

Esto es importante: no necesitas saberlo TODO para aportar valor.  Si esperamos a sentirnos completamente preparados para hablar de algo, muchas personas multipotenciales no diríamos nada hasta los 84 años.

Hay una diferencia enorme entre hablar desde la curiosidad y el aprendizaje y hablar como si fueras el oráculo de Delphos. Y honestamente, internet necesita MUCHÍSIMO más del primer grupo.

Compartir procesos, dudas, reflexiones o experiencias también ayuda a otras personas. No todo tiene que ser una TED Talk escrita por una mente iluminada después de 40 años meditando en una cueva.

A veces decir: “Esto es lo que estoy aprendiendo”  ya aporta muchísimo más que “Te voy a enseñar LA ÚNICA forma correcta de vivir.”

Diferenciar entre humildad e invisibilidad 

Dudar es sano. De hecho, probablemente sea una de las cosas más inteligentes que puede hacer una persona.

El problema llega cuando la humildad se convierte en esconderse, minimizarse, no compartir nada, o dejar que otras personas muchísimo menos preparadas ocupen todo el espacio. Una cosa saber que no se sabe todo y otra muy distinta es callarse para siempre porque no lo sabes todo.

Eso no es humildad, eso es síndrome del impostor haciendo parkour sobre tu autoestima.

Aprender a detectar a los “expertos de PowerPoint”

Internet está lleno de gente que parece súper convincente, hasta que rascas dos centímetros, claro.

Aquí algunas señales clásicas de “cuidado, posible experto de PowerPoint”:

  • Simplifican temas complejísimos. 
  • Hablan con certeza absoluta TODO el tiempo.
  • No aceptan matices ni contradicciones.
  • Convierten cualquier fenómeno humano en una frase motivacional 
  • Y suelen usar palabras como “fácil”, “simple” o “definitivo” con una alegría preocupante.

Y, la verdad, quizá una persona que dice: “depende” suene menos sexy pero sea bastante más fiable que alguien que promete explicarte cómo convertir la piedra en oro en 5 sencillos pasos.

Conclusión 

Después de entender un poco mejor el efecto Dunning-Kruger, quizá empieces a mirar ciertas conversaciones de otra manera.

Cuanto más aprendes sobre el mundo, más extraño te resulta que haya gente con respuestas absolutas para TODO. La realidad suele ser bastante más compleja, por suerte o por desgracia.

Y aquí viene algo importante para muchas personas multipotenciales: dudar no significa ser menos inteligente. Muchas veces significa exactamente lo contrario.

Y sí, a veces eso es agotador. A veces da rabia ver cómo alguien con media búsqueda de Google habla con una seguridad que tú no tendrías ni después de leer siete libros y tres papers académicos.

Pero honestamente, probablemente prefieras vivir en el lado de las personas que piensan antes de hablar que en el de quienes convierten cualquier ocurrencia en una verdad absoluta con tipografía motivacional.

Y si tú también has estado callada en reuniones mientras alguien decía auténticas locuras con seguridad olímpica… ¡bienvenida al club!

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