Principiantes profesionales: por qué los multipotenciales volvemos siempre a la casilla de salida

¿Recuerdas ese momento del parchís en el que tu ficha llega a casa ajena y te mandan de vuelta a la casilla de salida? Para la mayoría de la gente, eso es una tragedia en miniatura. 

Juegos de mesa aparte, para muchos multipotenciales ese tipo de momentos tienen un punto de emoción. Un «¿y ahora qué?» que se parece más a un subidón que a un castigo.

Y es que los multis volvemos a la casilla de salida constantemente. Nuevo interés, nueva carrera, nuevo proyecto o nuevo entorno. 

Está claro que lo hacemos más que el resto. Muchos lo hemos vivido durante toda la vida como una especie de defecto de fábrica pero, bien entendido, puede cambiar bastante cómo te ves a ti mismo

Vamos a verlo

Primero, un poco de contexto

Hagamos un viaje express al budismo zen. En él existe un concepto llamado shoshin, que se traduce como «mente de principiante». Lo popularizó el monje Shunryu Suzuki en su libro Zen Mind, Beginner’s Mind (1970), y tiene una frase que lo resume de maravilla (y que merece su momento de gloria):

«En la mente del principiante hay muchas posibilidades; en la del experto, pocas.»

La idea es simple: enfrentar las cosas sin la típica mentalidad de «ya sé cómo va esto» abre un mar de posibilidades que la experiencia puede cerrar.

Y esto no lo dice solo la filosofía zen, la psicología también lo confirma. Los expertos generan menos hipótesis al resolver problemas que los novatos, y todo porque sus esquemas mentales ya están fijos y se cierran a muchas cosas.

No es un defecto del novato. Es una ventaja que se va perdiendo a medida que uno sabe más.

Carol Dweck, psicóloga de Stanford, lo conecta con lo que ella llama mentalidad de crecimiento: Si vas por la vida con la actitud de que siempre hay algo más que aprender, activas formas de pensar distintas a las de la certeza.

Ok, todo esto está muy bien, pero hay un matiz importante cuando hablamos de personas multipotenciales. 

Para los multipotenciales, la mentalidad de principiante no es una actitud que uno elige cultivar. Es algo más estructural que nos sucede, queramos o no. 

La vida te lleva ahí una y otra vez (y otra, y otra…)

Como dijimos, hay una diferencia grande entre decidir mirar las cosas con ojos nuevos (eso es el shoshin) y que la vida te coloque en el punto de partida de forma recurrente casi sin pedirlo. Los multipotenciales hacen lo segundo, es casi un modo de vida.

Somos «principiantes profesionales«.

Barbara Sher, en su libro Refuse to Choose (2006), añade algo a esta idea que a mucha gente le cambia la perspectiva: los multis no dejamos las cosas por inconstancia o falta de compromiso. Las dejamos cuando ya aprendimos lo que necesitábamos. 

Nuestro punto de llegada es diferente al del especialista, digamos que está más cerca. Y eso implica volver a empezar, una y otra vez. 

Pero hay un detalle importante.

Empezar de nuevo no es lo mismo que empezar de cero (y menos mal)

Este es quizás el malentendido más frecuente, y también el más daño hace. 

Cada nuevo inicio de un multipotencial viene cargadito de cosas: conocimientos de otras áreas, formas de aprender que ya te funcionaron, tolerancia a la incertidumbre entrenada, y conexiones entre disciplinas que el especialista simplemente no puede hacer porque nunca ha estado en esos otros territorios.

David Epstein lo cuenta en Range (2019): las personas con recorridos diversos hacen conexiones innovadoras que los especialistas no pueden ver, precisamente porque no están atrapados en los esquemas de un solo campo. 

Lo que el multi vive como «volver a empezar de cero» es, en realidad, empezar desde un nivel desconocido, pero con mochila.

(Oye, si quieres profundizar en esto, tenemos un artículo sobre cómo integrar tus conocimientos para construir una trayectoria con sentido que te va a gustar)

Lo positivo de ser el eterno principiante 

  • Tolerancia a la incertidumbre: Sí, cada inicio es algo incómodo, y los multis lo sabemos mejor que nadie porque lo hemos vivido varias veces. Con el tiempo aprendemos a movernos en ese territorio mejor que casi nadie. ¿Nos cuesta menos que al resto? Pues no, pero ya sabemos que podremos con ello.
  • Curiosidad que no se oxida: La curiosidad facilita la plasticidad de tu cerebrito: aprender algo nuevo de adulto no es solo adquirir una habilidad, es mantener el cerebro físicamente más flexible y activo. Los multis lo hacemos de forma casi compulsiva, muchas veces sin darnos cuenta.
  • La «maldición del conocimiento», pero al revés: ¿Sabías que cuanto más sabe alguien de algo, más difícil le resulta recordar cómo era no saberlo, y más difícil explicarlo de forma fácil? Es un fenómeno documentado en psicología cognitiva. Por otra parte, el multi que llega sin esquemas fijos a aprender algo nuevo puede ver cosas que el experto lleva años sin notar, precisamente porque no carga con esa mochila. La bendición del desconocimiento lo vamos a llamar a partir de ahora 😋
  • Flexibilidad cognitiva. La psicología la define como la capacidad de cambiar de perspectiva, adaptar estrategias y saltar entre marcos de referencia distintos. Se entrena. Y los multis la entrenan constantemente, aunque no lo llamen así.

Y ahora, la otra cara de la moneda

Seamos honestas: ser el eterno principiante tiene “costes” reales que tampoco conviene ignorar:

  • El síndrome del impostor, versión bucle: Cada nuevo inicio trae consigo la sensación de «no soy lo suficientemente buena en esto». Para el multi, eso no pasa una vez. Pasa muchas. Y aunque con el tiempo se aprende a gestionarlo mejor, el bucle existe y puede cansar bastante.
  • La presión social del «¿pero tú en qué quedaste?»: La sociedad sigue premiando la especialización y la trayectoria lineal. Tener que explicar uuuna y oootra vez por qué estás empezando algo nuevo (en el curro, en comidas familiares, en formularios de LinkedIn que no entienden tu CV…) te puede desgastar, lo sabemos!
  • Empezar de nuevo cansa: La curva de aprendizaje de algo nuevo te cuesta más energía y es menos gratificante en resultados visibles (imagínate lo terrible que suena una guitarra cuando empiezas a aprender o lo mal que pronuncias cuando comienzas con un idioma). Vivir esa curva de aprendizaje muchas veces no significa que se te haga más fácil: significa que se aprendes a aguantarla mejor y a frustrarse menos, que no es exactamente lo mismo.
  • La dificultad de llegar a la zona de dominio. Es placentero llegar a dominar algo de verdad, en llegar a la fluidez y a la soltura. El multi que pasa de interés en interés a veces no llega a esa zona, o tarda más en llegar, y eso puede generar una sensación de superficialidad que fastidia, aunque no sea del todo real (ni del todo justa contigo).
  • El coste económico de volver a empezar. Probar, dejarlo y volver a empezar también tiene precio en euros: cursos a medias, material que se queda en un cajón, certificaciones que nunca usas, meses (o años) cobrando menos mientras te formas en lo nuevo. No es un detalle menor, y tampoco hace falta fingir que no importa.

¿Se puede disfrutar más de la casilla de salida? 

En realidad a los multis nos encanta empezar cosas, nos da subidón, nos ilusiona y nos da sensación de mariposas en el estómago. Cambiando de enfoque algunas cosas podemos potenciar aún más ese momento.

Reconoce lo que ya llevas contigo antes de empezar 

Antes de un nuevo inicio, vale la pena identificar qué conocimientos o experiencias previas son relevantes para lo nuevo. No para saltarte la fase de principiante (no queremos eso, ya vimos que tiene mucho valor) sino para no llegar creyendo que empiezas con una mano delante y otra detrás.

Cambia la pregunta 

En vez de «¿cuándo voy a dominar esto?», preguntarte «¿qué estoy descubriendo que no sabía que no sabía?». Sí, suena a trabalenguas, pero cambia bastante la experiencia porque pasas de medir el tu progreso por lo que aún te falta a medirlo por lo que se vas viviendo.

El asombro como motor  

Jonathon McPhetres, investigador de la Universidad de Rochester, demostró en 2019 que las experiencias de asombro (ver vídeos de naturaleza, el cielo nocturno, la realidad virtual…) aumentan la conciencia de tus propios vacíos de conocimiento y disparan tu interés por aprender. 

Para los multis, esto no debería ser difícil de activar: cada nuevo inicio puede ser exactamente un momento ¡Wow!, Algo como «uy, no puedo esperar a todo lo que tengo por descubrir».

Aprende de los más peques 

Todos los niños empiezan siendo multipotenciales por naturaleza y la mentalidad de principiante es su estado por defecto. 

Preguntan, exploran, prueban, y no les da vergüenza no saber. Eso se va perdiendo gradualmente con la presión de elegir, especializarse y tener una respuesta clara a la pregunta ¿Qué quieres ser de mayor?.

Sé más como ellos.

(Y si tienes peques cerca, la forma más directa de no acelerar ese proceso es fácil: premia el «¿qué has descubierto?» por encima del «¿que has conseguido?».)

Acabando, que es gerundio

Los multipotenciales pasamos mucho tiempo mirando lo que no tenemos: la trayectoria lineal del especialista, la experiencia profunda en un solo campo y la respuesta clara y sin titubeos a «¿y tú a qué te dedicas?».

Pero llevamos años entrenando algo que el mundo empieza a valorar: la capacidad de llegar a territorio desconocido sin bloquearse tanto, de aprender rápido, de ver conexiones que otros no ven, y de moverse con cierta soltura (y hasta gustito) en la incomodidad del inicio.

La casilla de salida no es el problema. Es, probablemente, una de las ventajas más subestimadas.

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