Apatía: cuando pierdes el interés en algo que antes te encantaba

¿Te suena esto?:  Hace un tiempo estabas living con un tema, un proyecto, una actividad. Era lo tuyo. Te salía bien, te ilusionaba, te daba subidón solo pensarlo. Y ahora… mñeh.  Apatía. Te cuesta arrancar, te aburres, te preguntas si de verdad alguna vez te gustó o si lo soñaste en un delirio de cafeína.

Si te ves en ese espejo, tranqui. No has sido abducida por alienígenas. Solo tienes un cerebro multipotencial que, como buen laboratorio de curiosidades, a veces se quema, se agobia o simplemente se aburre.

¿Y entonces qué? ¿Lo tiras por la borda? ¿Finges que sigues entusiasmada? ¿Te haces gaslighting con frases tipo “debería estar agradecida porque se me da bien”?

Este artículo va justo de eso: de qué hacer cuando la chispa se va. Porque perder el interés no siempre es el final. A veces es una pista. O una pausa. O la señal de que hay que cambiar las normas del juego.

¡Ojo!: aquí no vienes a sentirte mal. Vienes a entender qué pasa, decidir sin drama y, si hace falta, volver a enamorarte de tus propios líos.

¿Qué es la apatía (de verdad)?

La apatía no es pereza. Ni falta de fuerza de voluntad. Ni una señal de que tu TDAH inventado por Instagram se ha descontrolado. La apatía es esa sensación sorda de “no me apetece nada”, aunque en teoría eso que tienes delante te debería flipar.

Es cuando algo que antes te motivaba ahora te deja más frío que un tupper olvidado en la nevera. 

Apatía ≠ vagancia

A veces nos hacemos bullying: “es que soy una vaga”, “es que nunca acabo nada”. Y no, multi. No eres vaga, eres humana (como Chenoa). Con un sistema nervioso que no puede estar en euforia constante, y con una cabecita llena de intereses que se solapan, se pisan y se apagan de forma cíclica.

¿Es momentáneo… o toca soltar?

Hay una diferencia entre un día malo y una crisis de motivación existencial. ¿Estás cansada o harta? ¿Es estrés puntual o una señal de que ya no estás donde quieres estar?

Lo que sí puede estar pasando:

  • Burnout creativo: lo exprimiste tanto que se secó.
  • Desajuste de entorno: lo que haces te gusta, pero el contexto es un horror.
  • Aburrimiento brutal: ya lo dominaste, y tu mente quiere marcha nueva.
  • Cambiaste tú: spoiler… pasa.  

Detectar qué tipo de desinterés es el tuyo es el primer paso para saber si toca reconectar, reinventar o pasar página.

¿Por qué sentimos apatía por algo que se nos da bien?

Que algo se te dé bien no significa que te apasione eternamente. A veces lo que antes te encendía ahora solo te da ganas de echarte la siesta. ¿Por qué? Vamos por partes.

Porque somos personas, no robots

Hay días en los que tienes fuegos artificiales en la cabeza. Y otros en los que no te emociona ni una playlist de los 2000.

Eso no te convierte en una decepción andante. Te convierte en una persona cíclica, viva y que cambia.

Y sí, incluso cuando algo se te da de lujo, el entusiasmo tiene fecha de caducidad si no se alimenta.

Porque a los multipotenciales nos cuesta repetir sin novedad 

Nosotras lo llamamos “el síndrome del videojuego pasado”:

Te encantaba. Te obsesionaba. Te lo sabías todo. Pero una vez desbloqueados todos los niveles… ¿pa’ qué volver? Cuando ya no hay reto, nuestro cerebro dice: “gracias, siguiente”.

No es inconstancia. Es que no vinimos a ser fotocopiadoras de nuestras propias habilidades.

Porque el contexto importa (y mucho) 

Puede que el problema no sea “eso” que hacías, sino el entorno que lo ha convertido en una obligación, en una rutina o en una fuente de presión.
Amabas escribir… hasta que lo convertiste en tu trabajo.  Adorabas pintar… hasta que te empezaron a pedir “algo más comercial”. Cuando el contexto apaga el juego, se apaga el deseo.

La buena noticia es que se puede recuperar. ¿Te suena?

Pues sigue leyendo porque en el próximo punto hablamos de cómo detectar si es momento de reconectar… o de soltar la toalla con todo el arte del mundo.

¿Es momento de soltar… o de reenamorarte?

A veces no sabes si estás harta de lo que hacías… o si solo necesitabas una siesta, un piscolabis y cambiar de perspectiva.

Aquí van algunas preguntas clave para distinguir si lo tuyo es ruptura definitiva o crisis pasajera:

¿Esto me sigue interesando en otro formato?

Quizá no soportas hacer vídeos de divulgación, pero seguirías hablando del tema en un podcast. O ya no te motiva dar talleres, pero te flipa escribir sobre ello.

La forma importa. A veces lo que ha muerto no es la pasión, es el envoltorio.

¿La pérdida de interés es real o es agotamiento?

– “Ya no me interesa”
– Estoy tan quemada que no quiero ni oír hablar de esto”.

El burnout maquilla de apatía lo que a veces es puro cansancio. Hazte esta pregunta: si mañana despertaras con energía y sin presión… ¿te seguiría dando pereza?

Y si lo que quieres es tomarte un respiro te dejamos por aquí nuestro artículo: “7 tipos de descanso para personas multipotenciales”

¿Es desinterés o es rabia porque no sale como esperabas?

Ojo con esto. A veces no es que hayas perdido el amor, es que la cosa no está fluyendo como querías.  Y la frustración se disfraza de indiferencia. “Total, si no me sale, paso”.

¿Seguro? ¿O estás haciendo un “me da igual” para no enfrentarte al “no soy tan buena como pensaba”?

Síí lo eres, pero eso no significa que todo vaya a ser fácil siempre.

Revisa tus respuestas con honestidad. Y si ves que la chispa no está del todo muerta… en el próximo punto te contamos cómo volver a encenderla.

5 técnicas para reconectar con algo que te gustaba (si decides seguir)

Vale, has hecho el testeo emocional y has descubierto que , que todavía hay algo ahí. Que no quieres soltarlo pero tampoco sabes cómo retomar sin bostezar.

Aquí tienes cinco técnicas multipotencial-friendly para volver al amor sin sentir que estás reviviendo una relación tóxica con tu creatividad.

1. Cámbiale el formato

A lo mejor el problema no es el qué, sino el cómo.
¿Escribir ya no te pone? Prueba a contarlo en un vídeo, un audio o hasta en memes. Lo importante es que mantengas el vínculo, aunque cambie la forma.

Ejemplo: antes escribías artículos largos. Ahora haces newsletters con gifs absurdos. Bienvenida.

2. Busca una “primera vez” nueva

La rutina mata el amor. ¿Y si pruebas a llevarlo a otro terreno?
Nuevo público, nuevo reto, nueva plataforma, nuevo enfoque.

Como cuando vuelves a una ciudad que ya conoces… pero esta vez vas con otra compañía y todo se ve diferente.

3. Ponle un límite de tiempo o una nueva meta

Nada como ponerle fecha de caducidad a un proyecto para que deje de oler a obligación.

“Voy a probar esto durante 10 días.” “Lo retomo solo para este evento.” Y luego ya decidirás si hay segunda cita o se queda como experimento bonito.

4. Hazlo solo para ti, sin presión de resultado 

Esto es clave: si le quitas el “tengo que”, a veces vuelve el “quiero”.

Crea algo sin intención de monetizarlo, sin subirlo a Instagram, sin enseñárselo ni a tu gato.

Solo tú, tu idea y el placer de hacer algo porque te da la gana.

5. Asócialo a otra pasión o área diferente

¿Y si mezclas?

Si te mola la historia y también el diseño, haz infografías históricas absurdas. Si te gustaba programar y ahora estudias psicología, crea una app de autocuidado.

Las combinaciones raras son el pan de cada día de una mente multipotencial.
Y muchas veces, el atajo al entusiasmo.

No hace falta que te obsesione como antes.
Reconectar también puede ser jugar sin tanta intensidad. No tienes que volver a casarte con tu pasión, a veces basta con volver a quedar para un café.

Y si decides soltar, hazlo sin culpa  

A ver, esto hay que decirlo en voz alta: dejar algo no es fracasar, es evolucionar.
Sí, aunque te saliera bien. Aunque se te diera de lujo. Aunque todo el mundo te dijera “¡pero si eras buenísima en eso!”.

No somos Jordi Hurtado, cambiamos, mutamos, y a veces volvemos atrás para luego ir hacia otro lado completamente distinto.

¿Y sabes qué? Todo lo que aprendiste en esa fase anterior no se tira.

Se queda contigo, como ese poder desbloqueado que puedes usar cuando quieras. Aunque no lo parezca, nada ha sido en vano. Ese curso, ese proyecto, esa pasión loca… formaron parte de tu mapa. Y ahora toca explorar otra zona.

Soltar también es un talento. Saber cuándo cerrar una puerta sin dramatismos, para poder abrir otra sin lastre.

No necesitas un monumento de despedida. Solo permiso para cambiar.
Y aquí lo tienes.

Conclusión: La apatía no es el final, es una señal

La apatía no siempre viene con sirenas ni con banderas rojas. A veces solo se presenta como un bostezo, un “meh” al abrir el portátil.

¿Ha cambiado el proyecto o has cambiado tú? Da igual. Lo importante es darte cuenta.

Porque la apatía no es traición a tus pasiones pasadas, es una señal de que algo necesita moverse. Que quizás toca reinventar, redescubrir o dejar ir.

Si te invade el desinterés, no te castigues. Pregunta, escucha, decide. Y luego, sigue tu camino con la frente alta y los tentáculos en alto.

Más lecturas frescas para mentes curiosas como la tuya...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

trece + 4 =

Únete a la comunidad de los que nadamos en más de una dirección

¿Y qué me llevo yo a cambio?

  • Un correo semanal con consejos, recursos e inspiración para que explores tus múltiples intereses  y todo tu potencial.
  • Y también «Ikigai para multipotenciales». La guía definitiva para que entiendas que cualquier método para encontrar tu propósito es válido si lo adaptas a tu multipotencialidad. 
Ipad. Ikigai para multipotenciales

Quiero mi guía
"Ikigai para multipotenciales"

Scroll al inicio
The Octopus Job
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.